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Tito Rodríguez El Inolvidable «Elegante de la Salsa»

Un recorrido por la vida y el legado de Pablo Rodríguez Lozada, la voz que definió una era entre el mambo y el bolero.

Pablo Rodríguez Lozada, conocido mundialmente como Tito Rodríguez, nació el 4 de enero de 1923 en Santurce, Puerto Rico. Desde su infancia, el joven Tito demostró una inclinación natural por los ritmos caribeños, organizando en su niñez el conjunto Sexteto Nacional junto a su inseparable amigo Mariano Artau.

Pablo Rodríguez Lozada, conocido mundialmente como Tito Rodríguez

Los primeros pasos de un prodigio

A los 13 años, su carrera profesional comenzó a tomar forma al integrarse al Conjunto Típico Ladí (o Conjunto de Industrias Nativas), dirigido por Ladislao Martínez. Poco después, se unió al Cuarteto Mayarí, bajo la dirección de Plácido Acevedo, donde tocaba las maracas y hacía la segunda voz; aunque esta etapa solo duró cuatro meses y no dejó registros grabados, fue fundamental para su formación.

En 1939, con apenas 16 años, Tito emigró a Nueva York con la esperanza de trazar su propia ruta musical. Sus primeros trabajos en la Gran Manzana incluyeron colaboraciones con la orquesta de su hermano Johnny Rodríguez y grabaciones con el Cuarteto Marcano.

Tras pasar por agrupaciones de prestigio como el Cuarteto Caney y las orquestas de Enric Madriguera y Xavier Cugat, debió interrumpir su ascenso en 1945 para cumplir con el servicio militar en el ejército estadounidense.

El legado de Tito Rodríguez es analizado este domingo en el Viejo San Juan. (Foto UA Latino)

El ascenso del «Mambo Devil»

Al licenciarse, el pianista cubano José Curbelo lo reclutó para su banda. Fue en el club nocturno China Doll donde Tito conoció a la corista nipo-estadounidense Takeku Kunimatsu (Tobi Kei), quien se convertiría en su esposa y compañera de vida.

En 1948, Tito fundó su propia agrupación: los Mambo Devils. En pleno auge de este género, Rodríguez comenzó una legendaria rivalidad musical con Tito Puente y la orquesta de Machito.

Bajo el sello Tico Records, renombró a su grupo como Los Lobos del Mambo. Consciente de la importancia de la formación académica, ingresó al conservatorio de música Juilliard, donde estudió percusión, vibráfono y xilófono.

Un recorrido por la vida y el legado de Pablo Rodríguez Lozada, la voz que definió una era entre el mambo y el bolero

La reinvención: Del Mambo al Bolero

En 1953, firmó con RCA Víctor, estableciendo formalmente el nombre de Tito Rodríguez y su Orquesta. Años después, en 1960, alcanzó un éxito masivo con United Artists y el disco Live at the Palladium.

Sin embargo, en 1963, un veto artístico le impidió presentarse con sus músicos habituales. Lejos de rendirse, asumió el reto de cambiar radicalmente de estilo: dejó el frenesí del mambo para interpretar boleros con acompañamiento de orquesta de cuerdas. El resultado fue el álbum From Tito Rodríguez with Love, un fenómeno de ventas que lo consagró como un romántico inigualable.

El regreso a Puerto Rico y el inicio del fin

Tras disolver su orquesta en 1966 debido a problemas contractuales, regresó a Puerto Rico para protagonizar su propio programa de televisión. No obstante, la nostalgia y su pasión lo trajeron de vuelta a Nueva York con el disco Estoy como nunca.

Tito Rodriguez era excelente tanto en guarachas como en boleros. Esto lo convirtió en uno de los artistas más versátiles de la época.

Fue en 1967 cuando aparecieron los primeros síntomas de la leucemia. A pesar del diagnóstico, Tito continuó trabajando. En 1971 fundó su propio sello, TR Records, lanzando el icónico álbum Inolvidable (Unforgettable).

El último adiós en el escenario

En 1972, celebró sus 25 años de trayectoria con un espectáculo en el club El Tumi de Lima, Perú, junto a la orquesta de Lucho Macedo. Esta grabación en vivo sería premonitoria de su final.

Haciendo caso omiso a las recomendaciones médicas, realizó su última presentación en el Madison Square Garden el 2 de febrero de 1973, junto a la orquesta de Machito. Durante el show, su salud flaqueó y debió ser hospitalizado. Finalmente, el 28 de febrero de 1973, Tito Rodríguez falleció en Nueva York en brazos de su esposa.

Por deseo expreso del cantante, sus restos fueron trasladados a Puerto Rico. En su funeral, diversas figuras de la música le rindieron honores, incluido su antiguo rival, Tito Puente. Hoy, sus cenizas descansan junto a las de su esposa, mientras su voz sigue resonando como uno de los pilares más elegantes y versátiles de la historia de la música latina.

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