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Augusto Felibertt

El Elegante de la Salsa Vida y Legado de Tito Allen una de las voces más afinadas de nuestra Música Latina

30 mayo, 2026 by Augusto Felibertt

El Elegante de la Salsa Vida y Legado de Tito Allen una de las voces más afinadas de nuestra Música LatinaDe los tríos de Santurce a las grandes ligas de la salsa neoyorquina.

El mundo de la música afroantillana celebra el nacimiento de una de las voces más distinguidas y sofisticadas del género.

Roberto Romero Caballero, universalmente conocido en el panorama musical como Tito Allen. Nacido el 1 de mayo de 1946 en el emblemático barrio de Santurce, Puerto Rico, este baluarte de la salsa ha dejado una huella imborrable en la historia de la música latina a lo largo de una trayectoria que ya supera las cuatro décadas de excelencia artística.

Tito Allen y Adalberto Santiago
Tito Allen y Adalberto Santiago

El origen de un nombre con tumbao

El nombre artístico de este insigne sonero encierra una curiosa historia dividida en dos vertientes. La primera parte, «Tito», surge de una costumbre muy arraigada en el argot puertorriqueño: el doble diminutivo. De Roberto pasaron a llamarlo «Robertito», apelativo que con el tiempo se transformó cariñosamente en «Tito».

Por otro lado, el apellido «Allen» tiene un origen mucho más urbano y fortuito. El propio cantante ha confesado que, durante su juventud, leyó esa palabra pintada en un grafiti sobre una pared. El impacto visual y la sonoridad del nombre le agradaron tanto que decidió adoptarlo de inmediato como su sello de presentación para el mundo del espectáculo.

Los inicios de una estrella multifacética

La aventura musical de Tito Allen comenzó formalmente en 1962, cuando apenas era un adolescente de 16 años. En sus inicios, el joven Roberto mostraba una fuerte inclinación hacia el rock and roll, un género que causaba furor entre la juventud de la década de los sesenta.

Durante este período formativo, Allen se destacaba como bajista y guitarrista, formando parte de diversos tríos musicales que emulaban a las grandes agrupaciones de la época y que llegaron a presentarse con éxito en el Canal 4 de la televisión puertorriqueña.

Afortunadamente para los amantes del ritmo caribeño, el destino lo guio hacia la música tropical. Su poderosa voz, caracterizada por una afinación impecable y un fraseo elegante, lo convirtió rápidamente en un cotizado cantante.

Dj. Augusto Felibertt, Orlando Watussi, Tito Allen y Jesus Torres
Dj. Augusto Felibertt, Orlando Watussi, Tito Allen y Jesus Torres

Entre sus grandes influencias estéticas, Allen siempre ha manifestado una profunda admiración por Cheo Feliciano, a quien escuchaba con devoción durante la etapa de este con el Sexteto de Joe Cuba. Asimismo, ha señalado repetidamente a la orquesta de Bobby Valentín como una de sus bandas predilectas de todos los tiempos.

La conquista de Nueva York y las grandes ligas de la salsa

Decidido a internacionalizar su carrera, Tito Allen viajó a Nueva York en 1972. Aunque inicialmente intentó unirse a la orquesta del Rey del Timbal, Tito Puente, este no tenía vacantes en ese momento.

Lejos de desanimarse, Allen se unió al destacado pianista colombiano Eddie Martínez para formar un quinteto que se presentaba con éxito en los clubes nocturnos de la Gran Manzana.

El verdadero punto de inflexión llegó en mayo de 1973. Tras un breve regreso a su natal Puerto Rico, Allen volvió a Nueva York y, gracias a la recomendación de Eddie Martínez, consiguió una audición en el famoso club El Corzo. Allí, el maestro Ray Barretto buscaba un vocalista para reemplazar nada más y nada menos que a Adalberto Santiago.

Tito Allen y Billy Crespo
Tito Allen y Billy Crespo

Allen asumió el reto con maestría, grabando el aclamado álbum Indestructible (1973), un trabajo que lo consagró de inmediato en el Olimpo de la salsa.

Un recorrido de leyenda: Tras su exitoso paso por la orquesta de Ray Barretto, Tito Allen cumplió su sueño de trabajar junto a Tito Puente. Posteriormente, se integró a las filas de la legendaria Típica 73, antes de emprender una sólida carrera como solista.

Su impecable reputación lo llevó también a ser parte fundamental de La Puerto Rico All Stars, participando en dos de sus producciones discográficas más emblemáticas. Además, colaboró estrechamente con el virtuoso Louie Ramírez, dejando una marca indeleble gracias a su versatilidad.

El corista de oro del barrio latino

Más allá de su brillo como solista y líder de orquesta, la trayectoria de Tito Allen destaca por su generosidad y profesionalismo en el estudio de grabación.

Su voz, educada y melodiosa, engalanó un sinfín de producciones para artistas de la talla de Pupi Legarreta, Ralphy Santi y el Conjunto Clásico, entre muchos otros representantes de «la máxima expresión del barrio latino».

Su labor como corista fue fundamental para definir el sonido de la salsa neoyorquina y caribeña durante las décadas de los 70 y 80, consolidándolo como un artista integral y un caballero de la música que hoy, más que nunca, merece el aplauso de su público.

Tito Allen y Dj. Augusto Felibert
Tito Allen y Dj. Augusto Felibert

También Lea: Nuestro amigo Tito Allen apoya al Museo de La Salsa

Publicado en: 2026, Artistas, Junio, Latin Jazz, Latino America, Musica Latina, Norte America, Orquesta, Radio

El Sabor del Barrio La-33 y la Revolución de la Salsa Urbana

30 mayo, 2026 by Augusto Felibertt

El nacimiento del swing en la fría Bogotá

Bogotá, una ciudad a más de 2.600 metros sobre el nivel del mar, fría y propensa a la llovizna, no parecía a principios de los años 2000 el lugar más obvio para el nacimiento de una de las orquestas de salsa más influyentes del siglo XXI.

El Sabor del Barrio La-33 y la Revolución de la Salsa Urbana
El Sabor del Barrio La-33 y la Revolución de la Salsa Urbana

Sin embargo, en el año 2001, en el corazón del barrio Teusaquillo, nació La-33. Rompiendo con el estereotipo de que la salsa solo florece en las costas cálidas, esta agrupación demostró que el sabor caribeño también se lleva en las venas de la capital colombiana.

Fundada por los hermanos Sergio y Santiago Mejía (director musical/bajista y tecladista, respectivamente), la orquesta tomó su nombre de la calle donde realizaban sus primeros ensayos: la calle 33.

Desde sus inicios, el proyecto tuvo una identidad clara: rescatar el sonido crudo, urbano y rudo de la salsa brava de los años 70 evocando a leyendas como Héctor Lavoe, Willie Colón y la Fania All-Stars pero inyectándole la actitud, la energía del rock y el ambiente callejero bogotano. Para financiar su primer álbum, los miembros de la agrupación ahorraron el dinero de sus  presentaciones en bares y clubes nocturnos de la ciudad.

El fenómeno de «La Pantera Mambo»

El ascenso de La-33 al estrellato internacional no fue un accidente, sino el resultado de una genialidad discográfica.En 2004 lanzaron su álbum homónimo de debut, La-33. El disco incluía una canción que se convertiría en su boleto al mundo: «La Pantera Mambo».

Esta pieza, una espectacular versión en ritmo de mambo del clásico tema cinematográfico de Henry Mancini («The Pink Panther Theme»), fusionaba el jazz, el suspenso y una sección de vientos arrolladora.

La canción se convirtió instantáneamente en un éxito radial y en un himno obligado en las pistas de baile desde Cali hasta Berlín, demostrando que la salsa no era un género del pasado, sino un lenguaje vivo capaz de reinventar la cultura pop occidental.

El año 2001, en el corazón del barrio Teusaquillo, nació La-33
El año 2001, en el corazón del barrio Teusaquillo, nació La-33

Evolución dinámica y discografía

A diferencia de las orquestas de salsa romántica que dominaban las listas de éxitos comerciales en los años 90 y 2000, La-33 apostó por un sonido orgánico con influencias del mambo, el jazz, el pasodoble y el ska.Su música prescinde de sintetizadores excesivos y prioriza la fuerza de la percusión, el brillo de los metales y letras que narran la vida cotidiana, el caos urbano y la bohemia.

A lo largo de su carrera, han consolidado un catálogo musical impecable a través de varios álbumes de estudio:

  • La-33 (2004): El álbum debut que contiene «La Pantera Mambo» y «Qué Rico Boogaloo».
  • Gózalo (2007): Nominado a los Premios Grammy Latinos, reafirmó su éxito con temas como «Bye-Bye» y «Soledad».
  • Ten Cuidado (2009): Un trabajo más maduro que explora fusiones con el ska y el jazz.
  • Tumbando por ahí (2013): Un homenaje al espíritu callejero y fiestero de la banda.
  • Caliente (2016): Quinta producción discográfica lanzada para celebrar sus quince años de actividad.
  • Si tú quieres salsa (2019): Un regreso a las raíces con un sonido potente, maduro y renovado.

Embajadores globales de la salsa colombiana

Lo que comenzó como un grupo de amigos ensayando en una casa bogotana se transformó en un fenómeno global. La-33 ha recorrido los cinco continentes, presentándose en prestigiosos eventos internacionales como el Sziget Festival de Budapest, la Feria de Cali, y diversos festivales de jazz y world music en Europa, Asia, África y América.

Su capacidad para hacer bailar a públicos que ni siquiera hablan español es testimonio del poder universal de su sección de vientos y su base rítmica.

La 33 El nacimiento del swing en la fría Bogotá
La 33 El nacimiento del swing en la fría Bogotá

Hoy en día, La-33 no es solo una orquesta; es una institución de la música alternativa colombiana.

Demostraron que la salsa se puede hacer con chaquetas de cuero, actitud punk y un respeto absoluto por las raíces afrolatinas, dejando claro que, para tener swing, solo se necesita pasión.

Miembros de la agrupación

  • Sergio Mejía (Líder y bajo eléctrico)
  • Santiago Mejía (Teclados)
  • Guillermo Celis (Voz)
  • David Cantillo «Malpelo» (Voz)
  • Edison Velásquez (Voz y flauta)
  • Alejandro Pérez (Congas)
  • Juan David Fernández «Palo» (Timbales)
  • Diego Sánchez (Bongos)
  • Vladimir Romero (Trombón)
  • José Miguel Vega (Trombón)
  • Adalber Gaviria (Saxofón)
  • Roland Nieto (Trompeta)
  • Javier Galavis (Ingeniero de sonido)
  • Ray Fuquén (Productor de campo)

También Lea: El legendario Grupo Niche de Colombia y su fundador Jairo Varela

Publicado en: 2026

Antonio Adolfo El Maestro Imborrable de la Música Brasileña

29 mayo, 2026 by Augusto Felibertt

Antonio Adolfo El Maestro Imborrable de la Música Brasileña

De la Cuna Clásica a la Revolución del Jazz y la Bossa Nova

Esa herencia musical es fundamental para entender la grandeza de Antonio Adolfo.

Nacer en un hogar donde el violín de la orquesta del Teatro Municipal de Río de Janeiro era parte del paisaje cotidiano moldeó su sensibilidad desde la cuna. Aunque creció rodeado de la rigurosidad clásica de su padre, su destino estaba en las teclas, el jazz y la revolución de la música popular brasileña.

De la Cuna Clásica a la Revolución del Jazz y la Bossa Nova
De la Cuna Clásica a la Revolución del Jazz y la Bossa Nova

Hijo de un violinista clásico, Antonio Adolfo nació en el bohemio barrio de Santa Teresa, en Río de Janeiro, bajo el signo de Acuario en 1947. A la temprana edad de 16 años, el joven pianista ya pertenecía al exclusivo club de la bossa nova que se gestaba en el famoso callejón Beco das Garrafas, liderando agrupaciones que se posicionaron al frente de la escena, como el Conjunto Cinco y el Samba Trio 3-D. Poco después, participó en el emblemático musical Pobre menina rica de Carlos Lyra y Vinicius de Moraes, comenzando a hacerse un nombre en el sector.

A partir de 1967, al formar un binomio creativo con el letrista Tibério Gaspar, Adolfo se convirtió en uno de los grandes detonadores de la melodía moderna en Brasil, componiendo éxitos masivos como «Sá Marina» y «Juliana».

Antonio Adolfo El Maestro Imborrable de la Música Brasileña
Antonio Adolfo El Maestro Imborrable de la Música Brasileña

Al mismo tiempo, al frente del grupo Brazuca, estableció un tono de pop electrónico sumamente moderno para la época (con temas como «Teletema» y «Ana Cristina») que culminó en la abrasiva carretera musical de «BR-3», una canción que causó gran polémica y sacudió las estructuras de los festivales de la época.

El Espíritu Pionero y la Consagración Internacional

Tras ser miembro de la banda que acompañó a la legendaria Elis Regina en dos giras por Europa, y perfeccionar su técnica en París con la célebre maestra clásica Nadia Boulanger —además de estudiar en Brasil con los maestros Guerra-Peixe y Esther Scliar—, Antonio Adolfo estaba listo para dar otro gran salto.

En 1977, en un acto de valentía y espíritu pionero, lanzó el disco Feito em Casa (Hecho en casa) bajo su propio sello discográfico, Artezanal. Este fue el puntapié inicial de una corriente libertaria: el disco independiente en Brasil, desencadenando la aparición de dinámicas artísticas que divergían de las leyes del mercado tradicional. Bajo este sistema autogestionado, Adolfo registró tanto material propio (incluyendo música para niños que promovía el juego libre) como revisiones fundamentales de los clásicos del pianeiro, transformando las obras de Ernesto Nazareth y Chiquinha Gonzaga para el piano contemporáneo.

Esta versatilidad demostró que, como intérprete y creador, Adolfo había logrado una posición poco común: dominar el lenguaje contemporáneo desde la atemporalidad.

Desde 1985, el maestro ha centrado gran parte de su energía en su escuela de música, el Centro Musical Antonio Adolfo, además de participar en eventos internacionales como educador, sin dejar jamás de lado su carrera en los escenarios.

Su profundo trabajo con la música de Chiquinha Gonzaga y el jazz lo ha hecho acreedor de prestigiosos premios y nominaciones. Asimismo, es autor de siete libros de texto sobre música brasileña publicados por la editorial Lumiar, una lección en video y dos libros editados en el extranjero. Durante ocho años, fue el digno representante de la IAJE (Asociación Internacional para la Educación del Jazz) para América Latina.

En los últimos años, Antonio Adolfo ha regresado a los escenarios con mayor frecuencia, ya sea en formato de piano solo o en grupo. De una de sus presentaciones en una universidad de los Estados Unidos junto a su hija, la cantante Carol Saboya, nació un aclamado álbum en vivo editado tanto en Brasil como en el exterior: Antonio Adolfo & Carol Saboya Ao Vivo / Live. A este éxito le han seguido producciones discográficas sumamente aplaudidas por la crítica internacional, como Here and There / Aquí y Allá.

Chiquinha Com Jazz (1997)
Chiquinha Com Jazz (1997)

Joya Discográfica: «Chiquinha Com Jazz» (1997)

Un ejemplo perfecto de su genialidad para fusionar las raíces brasileñas con la libertad del jazz es su álbum de 1997 dedicado a la pionera Chiquinha Gonzaga.

Lista de Temas:

  1. Atraente
  2. Cordão Carnavalesco
  3. Lua Branca
  4. Angu
  5. Gaúcho (Corta-Jaca)
  6. O Forrobodó
  7. Corte Na Roça
  8. Satan
  9. Ismênia
  10. Faceiro
  11. O Abre Alas

           Músicos:

  • Antonio Adolfo: Piano y arreglos musicales
  • Gabriel Vivas: Contrabajo
  • Ivan Conti: Batería
  • Claudio Spiewak: Guitarra acústica

Colaboradores:

L’Òstia Latin Jazz

Dj. Augusto Felibertt

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Publicado en: 2026, Artistas, Biografia, Junio, Latin Jazz, Latino America, Musica Latina, Orquesta, Radio

Héctor «Tempo» Alomar la Voz Candente y el Ritmo El bendecido por «El Cantante de los Cantantes»

28 mayo, 2026 by Augusto Felibertt

El legado incalculable de un gigante de la percusión y el canto afroantillano

Héctor «Tempo» Alomar nació el 28 de diciembre de 1950 en la Parada 19 de Santurce, Puerto Rico.

Cantante, percusionista y sonero de casta, se convirtió en una figura imprescindible de la salsa gracias a su destacada participación en agrupaciones de la talla de la Orquesta La Conspiración, La Diferente, Conjunto Libre, La Charanga Afrocubana, La Charanga América, Orquesta Broadway, Charanga la Tapa, Casanova y su Montuno, Batacumbele, El Combo de Siempre, , Jhonny Rodríguez, Zaperoco, la Orquesta de Nacho Sanabria, el Grupo ABC y, de manera consagratoria, el Apollo Sound de Roberto Roena. Asimismo, lideró su propia agrupación musical bajo el nombre de Sexteto La 51, su última grabación con el legendario y leyenda viviente de Fania All Stars Eddie Montalvo.

Héctor Tempo Alomar la Voz Candente y el Ritmo
Héctor Tempo Alomar la Voz Candente y el Ritmo

El recordado exmiembro del Apollo Sound falleció a los 70 años en su natal Puerto Rico, el 9 de mayo de 2021, dejando un vacío profundo en el mundo del coleccionismo y la cultura salsera.

Un ritmo que corría por las venas

Hijo de Doña Isabel Román y Don Luis Alomar, el pequeño Héctor mostró desde muy temprano una conexión innata con la clave.

Su madre solía recordar que el niño marcaba el ritmo con cualquier utensilio de cocina que tuviera a mano, llegando a romper varios vasos de cristal al intentar extraerles sonido con los cubiertos.

Su primera grabación profesional la realizó siendo aún menor de edad, con apenas 15 años. Ocurrió cuando el productor Joe Blanco lo invitó a grabar la percusión con Chacón y sus Batirrítmicos, plasmando su talento en cortes como «Ahorita va a llover» y «Mi guajira».

En 1968 se mudó a Nueva York, y para 1970 se reencontró con su gran amigo de la infancia, el maestro Ángel «Cachete» Maldonado, quien lo introdujo en los círculos musicales de la urbe neoyorquina, impulsándolo decisivamente a desarrollarse como cantante.

Héctor Tempo Alomar nació el 28 de diciembre de 1950 en la Parada 19 de Santurce, Puerto Rico
Héctor Tempo Alomar nació el 28 de diciembre de 1950 en la Parada 19 de Santurce, Puerto Rico

El bendecido por «El Cantante de los Cantantes»

«Tempo» Alomar ingresó como timbalero a la Orquesta La Conspiración, donde permaneció unos tres años. Posteriormente, gracias a la recomendación del trompetista y arreglista José Febres, el director Rafy Val lo reclutó para La Diferente, teniendo la oportunidad de grabar salsa formalmente por primera vez en el álbum Fuerza Bruta, bajo la producción de Larry Harlow.

Durante su etapa con La Conspiración, ocurrió una anécdota mítica en el Club El Hipocampo de Nueva York, justo después de un concierto de la Fania All-Stars. Héctor Lavoe, quien debía cantar esa noche en el club, se retrasaba y la banda no podía iniciar. «Cachete» Maldonado le aseguró a José Mangual Jr. que «Tempo» se sabía el repertorio y lo recomendó para subir a la tarima.

Por profundo respeto a Lavoe, Alomar dudó, pero terminó subiendo al escenario para interpretar «Juana Peña», ganándose los aplausos del exigente público. A mitad del segundo tema, «No me llores más», vio entrar a Héctor Lavoe al local y, de la impresión, detuvo su canto. Fue el propio Lavoe quien, desde el público, le hizo señas para que continuara.

Al finalizar la presentación, «El Cantante de los Cantantes» subió a la tarima, lo felicitó calurosamente y lo animó a seguir adelante en el canto.

Consagración en la Gran Manzana

Hacia 1973, nuevamente recomendado por «Cachete» Maldonado, audicionó para el maestro Manny Oquendo, quien buscaba una voz para el Conjunto Libre. Fue aceptado de inmediato. Tras seis meses de intensos ensayos diarios, el grupo encadenó éxitos memorables en la voz de «Tempo» como «No critiques», «Tú no me quieres», «Bamboleate» y «El Changó de María».

Tempo Alomar El legado incalculable de un gigante de la percusión y el canto afroantillano
Tempo Alomar El legado incalculable de un gigante de la percusión y el canto afroantillano

Fueron cinco años dorados con El Libre, tiempo durante el cual también grabó un disco con La Charanga Afrocubana de Néstor Torres.

Al llegar la década de los 80, se integró a la Charanga América. Su versatilidad y cotización en la escena neoyorquina lo llevaron a colaborar y grabar con figuras estelares: Alfredo de la Fe, Johnny Rodríguez, Víctor Paz, Jorge Dalto y el sello Latin Percussion. Asimismo, colaboró con la Orquesta Broadway, Casanova y su Montuno, tocó la conga para Pete «Conde» Rodríguez y los timbales para el maestro Eddie Palmieri.

En 1985 decidió regresar a Puerto Rico. En la Isla del Encanto aportó su talento a agrupaciones insignes como Batacumbele, Zaperoco y El Combo de Siempre de Héctor Santos, compartiendo tarima en esta última con Ismael Rivera Jr. (Maelito). Además, de la mano de Felo Barrios, realizó una prestigiosa gira de un mes por los Estados Unidos junto al contrabajista Israel López «Cachao».

La era dorada con Roberto Roena y el Apollo Sound

En 1993, mientras ensayaba con el Grupo ABC (con quienes trabajaba junto a Nacho Sanabria y Roberto Angleró), el legendario Aníbal Vázquez  tío de Roberto Roena  lo invitó a participar como cantante en una grabación especial para la televisión local con el Apollo Sound.

Roena quedó encantado con el estilo y la cadencia de «Tempo», a pesar de que el vocalista no dominaba las letras completas de algunos temas para ese show televisivo.

Roberto Roena y Tempo Alomar
Roberto Roena y Tempo Alomar

Con la picardía que lo caracterizaba, el propio Roena escribió los textos en grandes cartulinas debajo de las cámaras de televisión e instruyó al camarógrafo para que no le hiciera primeros planos a Alomar, evitando así que el público notara que estaba leyendo.

Esa química dio pie a 16 años ininterrumpidos de éxitos consecutivos con el Apollo Sound y a una entrañable amistad entre Roena y Alomar que perduró para siempre. Juntos inmortalizaron joyas musicales como «Dale como es», «El pueblo pide que toque», «Atrévete conmigo», «Sr. Bongó», «Baila y goza», «Mi mambo pide campana» y el súper éxito internacional «Cómo te hago entender», un corte que se convirtió en un himno de la salsa y los llevó a recorrer plazas multitudinarias en Colombia, Panamá, Perú, Venezuela y toda Europa.

Durante su fructífera estancia en el Apollo Sound, «Tempo» también participó activamente en la selección de músicos de sesión y acompañó a diversos artistas.

Uno de sus cruces culturales más recordados fue su colaboración con el ícono del género urbano Tego Calderón en su icónico álbum El Abayarde, donde Alomar unió su voz para cantar el clásico «Planté bandera».

Héctor «Tempo» Alomar permanece en la memoria de los melómanos del mundo como un baluarte de la síncopa, un sonero de esquina y un caballero del ritmo.

Colaboración:

Historia Salsera

Dj. Augusto Felibertt

También Lea: Es indiscutible que la orquesta más popular en Puerto Rico y Sudamérica durante los años 70 fue el Apollo Sound de Roberto Roena

Publicado en: 2026, Artistas, Biografia, Entrevistas, Junio, Latin Jazz, Latino America, Musica Latina, Norte America, Orquesta

El Piano que Dictó Cátedra el Legado Eterno del “Profesor Joe” Torres

30 abril, 2026 by Augusto Felibertt

La historia de la salsa no solo se escribe con las voces de sus ídolos o el estruendo de sus metales; se escribe, fundamentalmente, en las teclas blancas y negras de quienes supieron sostener el pulso de una era.

El 13 de abril de 2020, en la quietud de un hospital en el Bronx, se despidió a los 76 años un hombre que fue columna vertebral de la «Salsa Dura»: José Manuel Torres, conocido universalmente como el «Profesor Joe».

Jose Manuel Torres El profesor Joe Torres falleció un día como hoy 13 de abril de 2020 en el Bronx de la ciudad de Nueva York, a la edad de 76 años
Jose Manuel Torres El profesor Joe Torres falleció un día como hoy 13 de abril de 2020 en el Bronx de la ciudad de Nueva York, a la edad de 76 años

Nacido en Manhattan el 29 de noviembre de 1943, hijo de la diáspora boricua de Guayama y Ponce, Torres encarnó la esencia pura del Nuyorican.

Criado en Fox Street, su destino quedó sellado en los pasillos de la P.S. 52, una escuela primaria que, con el tiempo, se convertiría en el santuario académico de la música latina en el Sur del Bronx.

La Excelencia como Estándar del Sonido de Barrio a la Gloria Musical

Su apodo, “El Profesor”, no era una simple licencia poética. En un ecosistema musical donde muchos se guiaban por la intuición, Joe poseía una habilidad casi matemática: la lectura a primera vista.

Un pianista maravilloso, que no se parece a nadie
Un pianista maravilloso, que no se parece a nadie

Su precisión técnica le permitió navegar con elegancia entre la disciplina y el sabor callejero.

Tras debutar en los años sesenta con el «Rey del Bajo», Bobby Valentín, en álbumes fundamentales como Bad Breath, su carrera dio un giro definitivo al integrarse a la orquesta de un joven y rebelde Willie Colón.

Sustituyendo al virtuoso Mark Dimond, Torres no solo llenó un vacío, sino que definió una estética. Durante un cuarto de siglo, fue el arquitecto armónico detrás de los dos colosos más grandes del género: Willie Colón y Héctor Lavoe.

«Como pianista de su banda, el profesor Joe Torres fue excelente», recordaría Colón años más tarde.

Su piano es el que resuena en las crónicas urbanas de Cosa Nuestra, el que aporta la nostalgia festiva en los dos volúmenes de Asalto Navideño piedra angular de la identidad puertorriqueña y el que sostiene la tensión rítmica en clásicos como La Gran Fuga y Lo Mato.

No hubo hito de la Fania en el que Joe no dejara su impronta; desde la lírica social de Siembra y Maestra Vida junto a Rubén Blades, hasta la potencia descarnada de la etapa solista de Lavoe.

Joe acompañó a Willie Colón y Héctor Lavoe en gran parte de sus grabaciones
Joe acompañó a Willie Colón y Héctor Lavoe en gran parte de sus grabaciones

Humildad Detrás de las Sombras: El Hombre y la Leyenda

A pesar de participar en más de treinta producciones que hoy son patrimonio cultural del mundo, Joe Torres nunca sintió la urgencia de reclamar el protagonismo del líder.

Como bien señaló su colega José Mangual Jr., su humildad era tan vasta como su talento. Prefería el rigor del estudio y la complicidad de la tarima, alternando su genio musical con su trabajo como técnico en computación, una dualidad que hablaba de su aguda inteligencia y adaptabilidad.

El Piano que Dictó Cátedra el Legado Eterno del “Profesor Joe” Torres
El Piano que Dictó Cátedra el Legado Eterno del “Profesor Joe” Torres

Su legado fue celebrado en el año 2000 durante aquel histórico concierto de reunión de los alumnos de la P.S. 52, inmortalizado en el documental From Mambo to Hip Hop. Allí, rodeado de titanes como Ray Barretto y Manny Oquendo, Joe seguía siendo el mismo: el hombre de la sonrisa amable y la agudeza mental que, según Blades, representaba la verdadera caballerosidad de la salsa.

Hoy, a cuatro años de su partida, el vacío en la silla del piano sigue siendo notable. El «Profesor» no solo enseñó a leer música; enseñó que la verdadera grandeza no necesita estridencias.

Su música sigue viva en cada descarga, recordándonos que, mientras haya un piano sonando en el Bronx, el eco de José Manuel Torres nunca dejará de dictar cátedra.

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Alfredo «Chocolate» Armenteros el Legado de Oro de la Trompeta Cubana

30 abril, 2026 by Augusto Felibertt

La historia de la música latina no se puede escribir sin mencionar la brillantez metálica y el fraseo elegante de Alfredo «Chocolate» Armenteros.

Considerado por musicólogos y colegas como el «Louis Armstrong latino», Armenteros no solo fue un virtuoso de la trompeta, sino un arquitecto sonoro que tendió puentes entre el son tradicional cubano, el jazz neoyorquino y la efervescencia de la salsa.

Chocolate Armenteros🇨🇺fue una leyenda excelsa de la música cubana
Chocolate Armenteros🇨🇺fue una leyenda excelsa de la música cubana

Nacido el 4 de abril de 1928 en Las Villas, Cuba, Armenteros llevó consigo el sabor de su tierra a los escenarios más prestigiosos del mundo.

Su apodo, que se convirtió en una marca de calidad artística, surgió de una anécdota curiosa que el mismo músico relató en 2013 una joven lo confundió con el famoso boxeador «Kid Chocolate».

Lo que comenzó como una confusión de identidad terminó siendo el nombre de una leyenda que golpearía, no con puños, sino con notas perfectas.

El Forjado de un Maestro: De Arsenio Rodríguez al «Bárbaro del Ritmo»

La carrera de Chocolate Armenteros es un mapa detallado de la época de oro de la música cubana. En 1950, se integró al conjunto del «Ciego Maravilloso», Arsenio Rodríguez.

Alfredo Chocolate Armenteros el Legado de Oro de la Trompeta Cubana
Alfredo Chocolate Armenteros el Legado de Oro de la Trompeta Cubana

Bajo su tutela, grabó piezas fundamentales del cancionero antillano como «Deuda», «Tengo que olvidarte» y la icónica «La vida es un sueño».

Esta etapa fue crucial para definir su estilo: una mezcla de disciplina técnica y una capacidad de improvisación orgánica.

Su ascenso fue meteórico. Para 1953, ya formaba parte de la Sonora Matancera, la institución musical más relevante de la isla. Ese mismo año, participó en un hito histórico: la fundación de la banda de su primo, el gran Benny Moré.

Alfredo Chocolate Armenteros, Lino Frias, Carlos Patato Valdez y el Negro Vivar 1973
Alfredo Chocolate Armenteros, Lino Frias, Carlos Patato Valdez y el Negro Vivar 1973

El sonido de la trompeta de Chocolate fue pieza clave en el engranaje de la «Tribu» del Bárbaro del Ritmo, consolidándolo como el instrumentista más solicitado de su generación.

La Conquista de Nueva York y el Escenario Global

En noviembre de 1958, el destino de Armenteros cambió para siempre. Viajó a Nueva York con la orquesta de Fajardo y sus Estrellas para una presentación privada en el Hotel Waldorf Astoria.

El evento tenía un matiz político de alto nivel: era una gala para la campaña presidencial del entonces joven candidato John F. Kennedy.

Tras este encuentro con la Gran Manzana, el trompetista decidió establecerse definitivamente en la ciudad, convirtiéndose en un embajador de los ritmos caribeños en el epicentro del jazz.

En Nueva York, su talento fluyó a través de las agrupaciones más influyentes:

  • Orquesta de Machito (1963): Donde fusionó el cubop con el jazz afrocubano.
  • Eddie Palmieri (70s): Aportando su potencia al sonido experimental de la salsa brava.
  • Estrellas Tico Alegre (1975): Compartiendo tarima con gigantes como Celia Cruz, Tito Puente, Ismael Rivera y Cachao.

Un Estilo Inagotable y Eterno

A finales de los años 70 y principios de los 80, Chocolate Armenteros no solo regresó a colaborar con la Sonora Matancera, sino que dio el paso definitivo como líder de banda.

Bajo su propia dirección, legó producciones memorables como Chocolate dice (1982) y Estrellas de Chocolate (1987), demostrando que su capacidad creativa no conocía el agotamiento. Lo más admirable de Armenteros fue su longevidad artística. Se mantuvo activo en festivales y conciertos hasta pasados los 80 años, conservando esa embocadura privilegiada y un sentido del tiempo que parecía desafiar las leyes de la física.

Alfredo Chocolate Armenteros y Eddie Moltalvo
Alfredo Chocolate Armenteros y Eddie Moltalvo

Hoy, a casi un siglo de su nacimiento, Alfredo «Chocolate» Armenteros permanece como el estándar de oro para los trompetistas.

Su vida fue un testimonio de elegancia, su música un puente entre naciones, y su trompeta, un eco eterno de la identidad cubana que sigue resonando en cada descarga de jazz y en cada paso de salsa alrededor del mundo.

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