El Elegante de la Salsa Vida y Legado de Tito Allen una de las voces más afinadas de nuestra Música LatinaDe los tríos de Santurce a las grandes ligas de la salsa neoyorquina.
El mundo de la música afroantillana celebra el nacimiento de una de las voces más distinguidas y sofisticadas del género.
Roberto Romero Caballero, universalmente conocido en el panorama musical como Tito Allen. Nacido el 1 de mayo de 1946 en el emblemático barrio de Santurce, Puerto Rico, este baluarte de la salsa ha dejado una huella imborrable en la historia de la música latina a lo largo de una trayectoria que ya supera las cuatro décadas de excelencia artística.

El origen de un nombre con tumbao
El nombre artístico de este insigne sonero encierra una curiosa historia dividida en dos vertientes. La primera parte, «Tito», surge de una costumbre muy arraigada en el argot puertorriqueño: el doble diminutivo. De Roberto pasaron a llamarlo «Robertito», apelativo que con el tiempo se transformó cariñosamente en «Tito».
Por otro lado, el apellido «Allen» tiene un origen mucho más urbano y fortuito. El propio cantante ha confesado que, durante su juventud, leyó esa palabra pintada en un grafiti sobre una pared. El impacto visual y la sonoridad del nombre le agradaron tanto que decidió adoptarlo de inmediato como su sello de presentación para el mundo del espectáculo.
Los inicios de una estrella multifacética
La aventura musical de Tito Allen comenzó formalmente en 1962, cuando apenas era un adolescente de 16 años. En sus inicios, el joven Roberto mostraba una fuerte inclinación hacia el rock and roll, un género que causaba furor entre la juventud de la década de los sesenta.
Durante este período formativo, Allen se destacaba como bajista y guitarrista, formando parte de diversos tríos musicales que emulaban a las grandes agrupaciones de la época y que llegaron a presentarse con éxito en el Canal 4 de la televisión puertorriqueña.
Afortunadamente para los amantes del ritmo caribeño, el destino lo guio hacia la música tropical. Su poderosa voz, caracterizada por una afinación impecable y un fraseo elegante, lo convirtió rápidamente en un cotizado cantante.

Entre sus grandes influencias estéticas, Allen siempre ha manifestado una profunda admiración por Cheo Feliciano, a quien escuchaba con devoción durante la etapa de este con el Sexteto de Joe Cuba. Asimismo, ha señalado repetidamente a la orquesta de Bobby Valentín como una de sus bandas predilectas de todos los tiempos.
La conquista de Nueva York y las grandes ligas de la salsa
Decidido a internacionalizar su carrera, Tito Allen viajó a Nueva York en 1972. Aunque inicialmente intentó unirse a la orquesta del Rey del Timbal, Tito Puente, este no tenía vacantes en ese momento.
Lejos de desanimarse, Allen se unió al destacado pianista colombiano Eddie Martínez para formar un quinteto que se presentaba con éxito en los clubes nocturnos de la Gran Manzana.
El verdadero punto de inflexión llegó en mayo de 1973. Tras un breve regreso a su natal Puerto Rico, Allen volvió a Nueva York y, gracias a la recomendación de Eddie Martínez, consiguió una audición en el famoso club El Corzo. Allí, el maestro Ray Barretto buscaba un vocalista para reemplazar nada más y nada menos que a Adalberto Santiago.

Allen asumió el reto con maestría, grabando el aclamado álbum Indestructible (1973), un trabajo que lo consagró de inmediato en el Olimpo de la salsa.
Un recorrido de leyenda: Tras su exitoso paso por la orquesta de Ray Barretto, Tito Allen cumplió su sueño de trabajar junto a Tito Puente. Posteriormente, se integró a las filas de la legendaria Típica 73, antes de emprender una sólida carrera como solista.
Su impecable reputación lo llevó también a ser parte fundamental de La Puerto Rico All Stars, participando en dos de sus producciones discográficas más emblemáticas. Además, colaboró estrechamente con el virtuoso Louie Ramírez, dejando una marca indeleble gracias a su versatilidad.
El corista de oro del barrio latino
Más allá de su brillo como solista y líder de orquesta, la trayectoria de Tito Allen destaca por su generosidad y profesionalismo en el estudio de grabación.
Su voz, educada y melodiosa, engalanó un sinfín de producciones para artistas de la talla de Pupi Legarreta, Ralphy Santi y el Conjunto Clásico, entre muchos otros representantes de «la máxima expresión del barrio latino».
Su labor como corista fue fundamental para definir el sonido de la salsa neoyorquina y caribeña durante las décadas de los 70 y 80, consolidándolo como un artista integral y un caballero de la música que hoy, más que nunca, merece el aplauso de su público.

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