El legado incalculable de un gigante de la percusión y el canto afroantillano
Héctor «Tempo» Alomar nació el 28 de diciembre de 1950 en la Parada 19 de Santurce, Puerto Rico.
Cantante, percusionista y sonero de casta, se convirtió en una figura imprescindible de la salsa gracias a su destacada participación en agrupaciones de la talla de la Orquesta La Conspiración, La Diferente, Conjunto Libre, La Charanga Afrocubana, La Charanga América, Orquesta Broadway, Charanga la Tapa, Casanova y su Montuno, Batacumbele, El Combo de Siempre, , Jhonny Rodríguez, Zaperoco, la Orquesta de Nacho Sanabria, el Grupo ABC y, de manera consagratoria, el Apollo Sound de Roberto Roena. Asimismo, lideró su propia agrupación musical bajo el nombre de Sexteto La 51, su última grabación con el legendario y leyenda viviente de Fania All Stars Eddie Montalvo.

El recordado exmiembro del Apollo Sound falleció a los 70 años en su natal Puerto Rico, el 9 de mayo de 2021, dejando un vacío profundo en el mundo del coleccionismo y la cultura salsera.
Un ritmo que corría por las venas
Hijo de Doña Isabel Román y Don Luis Alomar, el pequeño Héctor mostró desde muy temprano una conexión innata con la clave.
Su madre solía recordar que el niño marcaba el ritmo con cualquier utensilio de cocina que tuviera a mano, llegando a romper varios vasos de cristal al intentar extraerles sonido con los cubiertos.
Su primera grabación profesional la realizó siendo aún menor de edad, con apenas 15 años. Ocurrió cuando el productor Joe Blanco lo invitó a grabar la percusión con Chacón y sus Batirrítmicos, plasmando su talento en cortes como «Ahorita va a llover» y «Mi guajira».
En 1968 se mudó a Nueva York, y para 1970 se reencontró con su gran amigo de la infancia, el maestro Ángel «Cachete» Maldonado, quien lo introdujo en los círculos musicales de la urbe neoyorquina, impulsándolo decisivamente a desarrollarse como cantante.

El bendecido por «El Cantante de los Cantantes»
«Tempo» Alomar ingresó como timbalero a la Orquesta La Conspiración, donde permaneció unos tres años. Posteriormente, gracias a la recomendación del trompetista y arreglista José Febres, el director Rafy Val lo reclutó para La Diferente, teniendo la oportunidad de grabar salsa formalmente por primera vez en el álbum Fuerza Bruta, bajo la producción de Larry Harlow.
Durante su etapa con La Conspiración, ocurrió una anécdota mítica en el Club El Hipocampo de Nueva York, justo después de un concierto de la Fania All-Stars. Héctor Lavoe, quien debía cantar esa noche en el club, se retrasaba y la banda no podía iniciar. «Cachete» Maldonado le aseguró a José Mangual Jr. que «Tempo» se sabía el repertorio y lo recomendó para subir a la tarima.
Por profundo respeto a Lavoe, Alomar dudó, pero terminó subiendo al escenario para interpretar «Juana Peña», ganándose los aplausos del exigente público. A mitad del segundo tema, «No me llores más», vio entrar a Héctor Lavoe al local y, de la impresión, detuvo su canto. Fue el propio Lavoe quien, desde el público, le hizo señas para que continuara.
Al finalizar la presentación, «El Cantante de los Cantantes» subió a la tarima, lo felicitó calurosamente y lo animó a seguir adelante en el canto.
Consagración en la Gran Manzana
Hacia 1973, nuevamente recomendado por «Cachete» Maldonado, audicionó para el maestro Manny Oquendo, quien buscaba una voz para el Conjunto Libre. Fue aceptado de inmediato. Tras seis meses de intensos ensayos diarios, el grupo encadenó éxitos memorables en la voz de «Tempo» como «No critiques», «Tú no me quieres», «Bamboleate» y «El Changó de María».

Fueron cinco años dorados con El Libre, tiempo durante el cual también grabó un disco con La Charanga Afrocubana de Néstor Torres.
Al llegar la década de los 80, se integró a la Charanga América. Su versatilidad y cotización en la escena neoyorquina lo llevaron a colaborar y grabar con figuras estelares: Alfredo de la Fe, Johnny Rodríguez, Víctor Paz, Jorge Dalto y el sello Latin Percussion. Asimismo, colaboró con la Orquesta Broadway, Casanova y su Montuno, tocó la conga para Pete «Conde» Rodríguez y los timbales para el maestro Eddie Palmieri.
En 1985 decidió regresar a Puerto Rico. En la Isla del Encanto aportó su talento a agrupaciones insignes como Batacumbele, Zaperoco y El Combo de Siempre de Héctor Santos, compartiendo tarima en esta última con Ismael Rivera Jr. (Maelito). Además, de la mano de Felo Barrios, realizó una prestigiosa gira de un mes por los Estados Unidos junto al contrabajista Israel López «Cachao».
La era dorada con Roberto Roena y el Apollo Sound
En 1993, mientras ensayaba con el Grupo ABC (con quienes trabajaba junto a Nacho Sanabria y Roberto Angleró), el legendario Aníbal Vázquez tío de Roberto Roena lo invitó a participar como cantante en una grabación especial para la televisión local con el Apollo Sound.
Roena quedó encantado con el estilo y la cadencia de «Tempo», a pesar de que el vocalista no dominaba las letras completas de algunos temas para ese show televisivo.

Con la picardía que lo caracterizaba, el propio Roena escribió los textos en grandes cartulinas debajo de las cámaras de televisión e instruyó al camarógrafo para que no le hiciera primeros planos a Alomar, evitando así que el público notara que estaba leyendo.
Esa química dio pie a 16 años ininterrumpidos de éxitos consecutivos con el Apollo Sound y a una entrañable amistad entre Roena y Alomar que perduró para siempre. Juntos inmortalizaron joyas musicales como «Dale como es», «El pueblo pide que toque», «Atrévete conmigo», «Sr. Bongó», «Baila y goza», «Mi mambo pide campana» y el súper éxito internacional «Cómo te hago entender», un corte que se convirtió en un himno de la salsa y los llevó a recorrer plazas multitudinarias en Colombia, Panamá, Perú, Venezuela y toda Europa.
Durante su fructífera estancia en el Apollo Sound, «Tempo» también participó activamente en la selección de músicos de sesión y acompañó a diversos artistas.
Uno de sus cruces culturales más recordados fue su colaboración con el ícono del género urbano Tego Calderón en su icónico álbum El Abayarde, donde Alomar unió su voz para cantar el clásico «Planté bandera».
Héctor «Tempo» Alomar permanece en la memoria de los melómanos del mundo como un baluarte de la síncopa, un sonero de esquina y un caballero del ritmo.
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